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lunes, 29 de septiembre de 2014

Marcy (166)



Se sentía bien en su nuevo apartamento, en uno de los mejores edificios de la Milla de Oro de Greda, un inmueble moderno, que contenía todos los servicios que ella y sus hijos podían necesitar y que estaba cerca del Zeol Center. Y es que tenía medios para permitírselo.
Raúl no había reparado en gastos y le había otorgado un contrato de alto nivel para llevar adelante los proyectos para el desarrollo que ya tenía aprobados y pendientes de ejecución. Una nueva apuesta, decidida, de la Duxa Limited.
La angustia de su detención y la muerte de su padre habían sido los revulsivos que había necesitado para dar aquel giro a su existencia y abandonar el hogar conyugal. Y los pequeños se habían adaptado, de hecho, ya estaban acostumbrados a las prologadas ausencias del padre. No habían pedido muchas explicaciones y disfrutaban de lo lindo de su nuevo estilo de vida. “Qué más se puede pedir”.
Cuando el azar comenzaba a presentar su mejor cara, recibió la noticia del primer premio en el máster, con un contrato de un año, como profesora ayudante en la facultad.
Fue el propio Rafa quien se lo comunicó. Apareció en la puerta de su apartamento a primera hora de la mañana, llevando un ramo de flores en una mano, una bandeja de pasteles en la otra y el periódico debajo del brazo.
Se acomodaron en la cocina a desayunar, los niños aun no se habían levantado.
–Usted se lo merece todo, señorita –ese día se lo repitió mil veces.
–Venga, ya, Rafa, el máster te lo debo a ti, deberías ser tú el profesor en la facultad…
–¡Ni de broma, señorita!, ya se lo dije, que lo mío es ser bedel, inevitablemente; metido de vez en cuando a detective –él rió de buena gana.
Después de haber ocupado las primeras planas de los periódicos, el escándalo financiero pasó pronto al olvido y ni Lucas ni Sonia tuvieron mayores consecuencias. El principal implicado, Román, contra el que apuntaban las mayores acusaciones, ya estaba libre de cargos.
El bedel pensaba que el arquitecto y los suyos habían movido los resortes del poder de los Totale para zafarse una vez más.
–Rafa, por cierto, decías que ibas a pedir un traslado al sur por la salud de tu madre, ¿no?
–Resulta que…, señorita…, no se sabe. Mi madre, está cada vez mejor. Pudiera ser que no hiciera falta.
Notó el brillo de la felicidad en los ojos de su amigo y se alegró por él.
Ya habían dado cuenta de los pasteles y del café y él comenzó a ojear el periódico. Ella se levantó para recoger las tazas, colocó sus manos en los hombros de él y acercó sus labios a una oreja del joven.
–No estaría bien que mi ángel de la guarda se me fuera lejos, yo podría correr peligro –dijo ella, y Rafa le correspondió con una sonrisa espléndida.





lunes, 22 de septiembre de 2014

Marcy (165)



Nada más ver la cara de la madre, a la puerta de la habitación del hospital donde Arturo estaba ingresado, se dio cuenta de lo que iba a decirle.
–Hija, papá se puso muy grave… No pudo aguantar la infección. Se fue apagando como una vela y…, se murió.
Marcy lanzó un grito de dolor casi animal. Permaneció abrazada a su madre un tiempo indefinido.
–¿A que no merecía la pena seguir viviendo a costa de sufrir de esa manera? –dijo la madre, apartándose con suavidad– No había nada que hacer.
Marcy vio que en la cara de Amelia, pálida como la cera, no había lágrimas.
La dominó un acceso de llanto y dejó aflorar toda la tensión acumulada, apoyadas las manos en el canto de una mesa, sin ver nada más que su dolor, después miró a su madre a la cara.
–Quiero verlo, mamá.
–Pasa.
El cadáver estaba pendiente de ser retirado del cuarto, su cara, tan afilada, apenas recordaba al que fuera su tan querido y odiado padre.
–¡Papá!, ¡Papá! –le reclamó, como porfiando con él por no haberla esperado.
El tono se su voz bajó hasta convertirse en un susurro.
–Papi, te quiero, nunca te lo dije lo suficiente. Papi, te perdono, te perdono…
Echó la cara abajo para que su madre no la viera, aunque ésta había quedado unos pasos atrás, como respetando aquel diálogo final.
Quedaron sentadas las dos en unas sillas contiguas, cogidas de la mano, hasta que los empleados del tanatorio hicieron su aparición para llevar a cabo su oficio.
Marcy llamó a su antigua canguro para que se ocupara de los pequeños y se dejó llevar por la situación, con la mente en blanco, insensible.
Al día siguiente, a las cinco de la tarde, después de un sinfín de caras que saludaban y se condolían con ella y con su madre, tuvo lugar la misa. Reconoció a antiguos compañeros de trabajo de su padre, a sus tíos, vio también a Arcadia, García, Raúl y Rafa. Terminó la ceremonia y salieron al exterior de la iglesia, a esperar. El féretro fue arrastrado por una cinta transportadora a la sala de cremación. Tres horas después, cuando sólo unos pocos las acompañaban, llamaron a Amelia para que recogiera el sarcófago ovoide que contenía las cenizas.


lunes, 15 de septiembre de 2014

Marcy (164)


Rafa le explicó que aquello, aún cuando fuera verdad, era materialmente imposible, que un familiar suyo estaba trasplantado de riñón y después del trasplante necesitaban tantos cuidados médicos y tratamientos como antes.
–Aunque fuera verdad, se acabaría descubriendo. Inevitablemente. Parece que no ha tenido bastante, con todo lo que le ha ocurrido… –dijo, irritado, meneando la cabeza.
A Marcy le pareció que tenía toda la razón. No le molestaba en absoluto la regañina de su amigo, todo lo contrario.
–Y encima, para intentar esa locura, tener que pasar por testificar en falso. Le están intentando comer el coco, señorita, hacerle ir contra lo más sagrado. Apártese de esos delincuentes. Usted no se merece que la traten así. Usted tiene el alma más noble que yo he visto en mi vida.
El bocadillo del bedel quedó sin empezar en el plato y Rafa lo devolvió en la barra.
–A mí también se me ha quitado el apetito.
Ella terminó el botellín de agua y se levantó de la mesa como si le hubieran quitado mil kilos de peso de encima.
–Rafa, ¿sabes que eres para mí como el hermano que siempre quise tener? Eso y más. Estoy muy contenta de lo tuyo con Arcadia. Os quiero a los dos.
El semblante de preocupación de su amigo se transformó.
–No puedes disimularlo, ¿ah? 
Lo dejó en su puesto de trabajo y salió lanzada hacia el Zeol Center. Subió al gabinete del abogado y le dijo que, sin más tardanza, enviara al juzgado un escrito en su nombre renunciando a hacer cualquier tipo de declaración sobre el caso de Román.
Pasó después por el despacho de Raúl. El directivo acababa de llegar de un viaje de negocios, de varios días, a la sede central de la Duxa Limited.
Marcy había preferido no decirle nada hasta que estuviera de vuelta.
En cuanto lo vio, no fue capaz de reprimir las lágrimas. Había acumulado tanta tensión aquellos días que le faltaba el aire para explicarse y las palabras le salían a borbotones casi ininteligibles.
Raúl avisó a la secretaria para que no los interrumpieran, bajo ningún concepto.
–Antes o después tenía que pasar –dijo él, lacónico.
Marcy lo miró con los ojos enrojecidos.
–Después de lo que hemos hecho, era de esperar algo así. Ya sabía que esa caterva de malditos intentaría hacernos daño, pero lo que más lamento es que te haya salpicado a ti.
Ella no era capaz de entenderle.
–Desde que Román se fue de la Duxa, me la tienen guardada. Su padre, ese señor tan agradable que has conocido, que se llama León, nunca me perdonó que echara de aquí a su hijo, se ve que tenía aspiraciones de que el niño llegara a la cumbre de esta empresa Pero, ¿qué quieren? Ésta no es una compañía de forajidos.
La miró, directo, a los ojos.
–Ser directivo es lo que tiene, tienes que cortar cabezas y luego eso tiene consecuencias. Siempre he pensado que León es quién nos ha metido el cáncer en la Unidad Internacional, ha corrompido a nuestros ejecutivos, nos ha hecho mucho daño.
Marcy le explicó que lo había comentado todo con Rafa y que había seguido su consejo.

–Ese amigo tuyo es una joya, Marcy, qué talento más desaprovechado.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Marcy (163)


Ya se había iniciado el curso académico en la facultad y los estudiantes pululaban, cargados de libros y apuntes, en un hervidero de actividad. Marcy sintió una especie de extrañeza al verse allí de nuevo. Como si hubiera pasado muchísimo tiempo desde la última vez.
Vio a Rafa en su lugar, detrás del mostrador de recepción, luciendo su aspecto habitual, tan pulcro y un punto anticuado, tan tierno. Fue hacia él y le dio dos besos estirando su cuerpo por encima del tablero.
–¿Tendrás un momento cuando acaben las clases? –le preguntó.
Esperó a que la marabunta de estudiantes fuese abandonando el centro y el bedel pudiera cerrar su puesto de trabajo. Fueron a la cafetería, el que fuera su cuartel general.
Rafa pidió un bocadillo y un refresco. Marcy sólo quiso una botella de agua. Su amigo la miró con extrañeza.
–No tengo apetito, Rafa.
Se sentaron en la mesa de siempre, desde donde se divisaban magníficas vistas del Parque Central que en ese momento ya lucía las infinitas tonalidades otoñales de verde, naranja y amarillo.
–Sé que estará sumamente preocupada por su padre, señorita, como no podría ser menos. Pero lo primero de todo es que usted tiene que cuidarse, que ha pasado mucho, y la salud es lo primero.
Nadie se había interesado jamás por ella tanto como Rafa. Nadie. Ni siquiera sus propios padres.
–Tengo que decirte algo, Rafa, algo muy delicado.
Le explicó con todo detalle lo sucedido con los padres de Román, lo que le exigían, la espantosa filmación que le habían mostrado.
–No crea eso, señorita. Aún inclusive esa grabación es falsa, con el único propósito de forzarla a usted. Pudiera ser que lo que vio ni siquiera fuera la operación de una persona. Se valen de métodos así de siniestros para conseguir lo que quieren.
A Marcy le parecía que Rafa era la persona más inteligente y fiable que había conocido en su vida.



lunes, 1 de septiembre de 2014

Marcy (162)


La sorpresa de Marcy fue mayúscula cuando recibió la llamada de García citándola en su oficina de la Duxa  Limited para arreglar, según le dijo, algunos flecos pendientes.
A aquellas alturas cualquier noticia que procediera del contable le ponía los pelos de punta.
Su despacho estaba ordenado y limpio. Olía a un ambientador de limón. Él la recibió y, con la eficiencia de los profesionales de los números, le presentó unos documentos para firmar.
–Es sólo un momento, firma aquí y aquí. Es la liquidación de una sociedad que tenías con Román y la venta de unas propiedades ligadas a la sociedad. Esto es para recuperar el dinero y restituirlo.
Después sacó otros papeles más para firmar.
–Estos son para vender bienes que figuran vinculados a la guardería que tienes. Hay de deshacerse de ellos, pueden comprometerte. Tenemos que limpiarlo todo a fondo.
No entendía cómo podía haber sucedido aquello.
–¿Bienes vinculados a la guardería?
–En efecto. ¿Tú nunca diste a nadie documentos de la guardería?
Ella negó con la cabeza.
–Entonces es que te los robaron.
A veces sospechó que Laura se metía en la oficina de la guardería a revolver.
–Puede ser. El caso es que se arregle cuanto antes.
El contable la tranquilizó al respecto. Aquellos eran los últimos cabos sueltos del tema económico.
Román ya tenía arreglado todo lo suyo.
–De Manele, ¿sabes algo?
–Sí, ahora está en la finca de sus padres. Se ha hecho cargo del negocio de vinos.
García le explicó que la oficina internacional de la Duxa había sido extinguida a raíz del escándalo. Que Sonia había regresado a su país.
Del subdirector de la Duxa no se sabía nada.
Iba a despedirse cuando recordó que García sufría, como ella, por la enfermedad de su padre, y le preguntó por él.
–Muy mal, Marcy, está muy mal. Tantas operaciones, tantos tratamientos…, para nada. Lleva tiempo metido en la cama, sin ver ni oír, con la cabeza perdida. No merece la pena.
García ya había aceptado lo irremediable.
–Y el tuyo, ¿cómo está?
–Por un estilo. Esperando cualquier día lo peor. Ya estamos agotados.
Después de dejar a García quiso ver a Raúl, para descargar en él su zozobra, recibir su apoyo, pero no se encontraba en el edificio. De remate, su secretaria le dijo que habían llamado del departamento jurídico preguntando por ella. Marcy se acercó por el despacho del letrado y éste le presentó una citación para que acudiera a declarar al juzgado por el asunto de las lesiones de Román.
Su cabeza estaba a punto de estallar.

Tenía que tomar una decisión.

lunes, 25 de agosto de 2014

Marcy (161)

Sabía que en cuanto Román mejorara iba a tener que responder ante el juez. Pero también sabía que los padres de él iban a allanar todos los caminos para que saliera indemne.
A diferencia de su pobre padre, el arquitecto salió de alta del hospital y fue trasladado a su domicilio.  Laura avisó a Marcy y le dijo que Román estaba en plena posesión de sus facultades mentales, salvo por una laguna de memoria que abarcaba desde que se levantó de la mesa, en el restaurante de Pancho, hasta que salió del coma. Sólo que hablaba con mucha dificultad y necesitaba ayuda para cualquier movimiento. Los médicos habían dicho que la recuperación iba a ser larga.
Marcy lo visitó ya el primer día que regresó a su casa. Apenas pudo comunicarse con él.
–Intenta decirte que está muy apenado por todo lo que pasó –dijo Isabel, mientras Román farfullaba palabras ininteligibles para Marcy.
No era para ponerse a reñir con aquel hombre.
Isabel lo rodeaba de cuidados y atenciones de todo tipo, sentado en su sillón favorito y rodeado de almohadones para mantenerle erguido. Marcy observó que tenía la boca torcida y que no movió ni un músculo en todo el rato que ella estuvo en la casa.
Pero de los padres de él allí no había ni rastro.
Seguro que culpaban también a Isabel, en cierto modo, de aquella desgracia.
–¿Qué tal lo llevan tus suegros? –preguntó Marcy.
–Les está costando, sobre todo a su padre.
Quiso limitarse a una visita de cortesía, sin indagar demasiado.
Isabel ya no parecía tan afectada, estaba tan arreglada y bella como siempre.
–Veo que tú ya estás mucho mejor –dijo Marcy, en tono muy medido.
–Hay que afrontar esta mierda, chica. Por falta de medios no va a quedar…
A Marcy le pareció brutal el tono despectivo que percibió en Isabel.
Pensó que Isabel estaba resentida, desde siempre, con Román, por no haberse casado con ella y que, a lo mejor, aprovecharía la circunstancia de debilidad de él para hacer presión, para lograr sus fines. Seguro que algo tramaba.
Eres la misma hija de puta de siempre, púdrete con tu dinero. Que te entierren con él como a los faraones”.
Se marchó de aquella casa con el estómago revuelto.
No tardó en correrse la noticia de que Román había salido libre de las acusaciones de delitos económicos que pesaban sobre él y todo quedó justificado como errores contables sin ningún propósito de contravenir las leyes.
Cosa muy fácil para León, su poderoso padre.

Y tampoco tardó en saberse que existían planes de boda entre la rubia y el arquitecto.

lunes, 18 de agosto de 2014

Marcy (160)



Siempre había sido una señorona dominante. Marcy se fijó en que llevaba puesto un traje anticuado y las mismas joyas de oro que le conoció cuando entró en aquella casa como novia de Manele.
–No sé de qué me estás hablando –le respondió, manteniendo la calma.
–Lo sabes muy bien. Ándate con cuidado porque soy capaz de cualquier cosa. Ya sabes lo que quiero decir.
Marcy se dio cuenta de su error al haberse sincerado con Laura, seguro que había sido ella la fuente de información.
–¿Sigues con el vicio del juego? Porqué ya sé que te has metido a puta… Has hecho de mi hijo un desgraciado… ¿Todavía te atreves a más?
La suegra parecía desquiciada.
Marcy estaba entendiendo de donde venía el pésimo carácter de Manele
–Mi hijo no le hizo nada a ese hombre y tú lo sabes. ¡Si dices otra cosa es que te mato!
Hablaba en voz bien alta, mientras su marido ni se inmutaba.
Sobre la mesa había un tapete que ella misma había hecho en ganchillo de color blanco y en el medio un jarrón con flores artificiales.
Marcy permanecía callada sin saber por donde salir.
Pero se enfrentó a la gobernadora de la finca.
Sabía que le repateaba que las empleadas de la finca la llamasen doña y se lo llamó.
–Lo que yo diga en un juzgado es asunto mío, doña. Y si hablamos claro, no sé quien ha sido más culpable, porque tu hijo por poco me mete en la cárcel, ¿ah? Hablemos claro, que aquí hay para todos.
La otra la escuchaba con expresión indignada.
–Sólo te digo que digas la verdad, por primera vez en tu vida –dijo la suegra.
A Marcy aquellas palabras le hicieron mucho daño.
Procuró mantener la cabeza fría.
–¿Es esto todo lo que tenías que decirme?
–Eso es todo –contestó la bodeguera.
Marcy se levantó y echó una rápida ojeada a aquel lugar, donde no hacía mucho tiempo había pasados días de felicidad con su marido. Pero aquel recuerdo no le causó nostalgia.
Abrió la puerta y salió al patio delantero.
Vio a lo lejos al enólogo, que entraba a su laboratorio con una probeta que contenía vino nuevo. Pensó que era mejor no dirigirse a él, por no comprometerle, y se limitó a saludarle agitando su mano derecha. Él la correspondió sonriente.
Ese pobre está sufriendo lo que nadie sabe”.
Cogió su coche y se fue de allí como alma que lleva el diablo.